03.03.2017
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En el documental La Doctrina del Shock, la escritora y activista Noami Klein es el centro del relato. La canadiense nos muestra cómo el capitalismo, en su forma más cruel, aprovecha cada crisis para esquilmar a los Estados. Por ende, a todos los pueblos del mundo que degustan, a la fuerza, el veneno del libre mercado.

“Lo que nos mantiene alertas, orientados y fuera del shock es nuestra historia”, dice Naomi Klein en una conferencia antes de los títulos.El film La Doctrina del Shock, basado en el libro homónimo de Naomi Klein, nos sacude. Especialmente a los que habitamos estas tierras del sur del continente americano, donde transcurre parte de esta historia. Naomi no es nueva en estas lides, las de conmover. Periodista, escritora y activista antiglobalización, Klein tuvo reconocimiento internacional gracias a libros con denuncias certeras sobre el funcionamiento de la economía moderna. Uno de ellos, No Logo, de gran suceso, es número puesto en bibliotecas de estudiantes de carreras sociales. También en la de los periodistas de ley.
En La Doctrina del Shock, los directores ubican a la propia Noami Klein como centro del relato. Ayudada por material de archivo, la canadiense nos muestra cómo el capitalismo, en su forma más cruel, aprovecha cada crisis para esquilmar a los Estados. Por ende, a todos los pueblos del mundo que degustan, a la fuerza, el veneno del libre mercado.
La historia que cuenta el film arranca en 1951. Vemos experimentos con pacientes psiquiátricos. Macabros. Mediante electroshocks “limpian” o desestructuran la mente de las personas. Es una metáfora de lo que viene, que no es psiquiatría sino economía. Así, con la autora del libro omnipresente y dividida en pequeños capítulos, La Doctrina del Shock nos va paseando por la teoría económica de Milton Friedman. Pero fundamentalmente sobre sus consecuencias. Friedman, que surge como respuesta al New Deal y las teorías del pleno empleo de Keynes en los EEUU de los años ‘30, propone un cambio drástico: Un Estado ausente, que no debe regular nada, ya que la economía se acomoda sola. El libre mercado, lo llamaron. Nacían los Chicago Boys, cuyas recetas generaron resultados desoladores en los países de nuestras latitudes y otros confines.

No era fácil imponer medidas de corte antipopular. Por eso los Chicago Boys o sus personeros, sabían que para desarrollar e imponer sus experimentos de shock debían contar con el respaldo de la fuerza. Así el film nos revela como lo intentan primero con la dictadura de Pinochet, luego con la de Videla. También visitan Brasil y Uruguay. Con la destrucción de las industrias nacionales mediante la apertura indiscriminada de las importaciones, el achicamiento dramático de los Estados y el desempleo creciente, como marcas de fábrica. Tanto como la represión, la violencia y los campos de concentración. Todo debidamente supervisado y digitado por el país del norte. Un costado poco divulgado de los golpes de Estado de los años setentas: su misión de evangelización económica. O dicho de un modo más claro: de preparación del terreno – mediante la violencia y la persecución a toda resistencia – para los cambios estructurales estratégicos que el imperio del norte necesitaba imponer en Sudamérica. Para los memoriosos argentinos, un apellido simbólico lo resume: Martínez de Hoz.
“Las ideas tienen un impacto en la vida de las personas”, se escucha en un discurso de un discípulo de Friedman. No podemos más que estar de acuerdo. El documental intenta probar los costos que genera una política económica en el seno de una sociedad. Política que nos es más que la longeva historia de pocas manos apropiándose del trabajo y riquezas de tantísimas otras. El sistema capitalista en su peor versión, aprovechando cada crisis en forma voraz. En plan rapiña. Crisis que obviamente ellos mismos producen para luego venir y ofrecer supuestas soluciones. Como lo hicieron en la ex Unión Soviética. O más dramáticamente aún, en Irak, luego de venirnos con el cuento de que buscaban armas de destrucción masiva. Armas que desde ya nunca encontraron. Y se trata además, como con los electroshocks de Cameron, de borrar toda huella del pasado. En esencia, de transferir la riqueza del sector público al privado y que nadie se acuerde, para repetir una y otra vez el mismo mecanismo. Naomi cierra el film contando aquella anécdota en la que Franklin Delano Roosevelt, ejerciendo la presidencia de EEUU, recibe a un grupo de sindicalistas y líderes sociales preocupados por la situación económica. Frente al pedido de cambios en el rumbo y ser parte del New Deal, Roosevelt los incita: “oblígenme a hacerlo”. 4740 huelgas en un año lo hicieron. Tal vez allí esté la respuesta frente a tanto atraco.
FICHA TÉCNICA
Dirección: MatWhitecross y Michael Winterbottom
Producción: Renegade Pictures
Guión: Naomi Klein (libro), Michael Winterbottom y Mat Whitecross
Fotografía: Ronald Plante y Rich Ball
Protagonistas: Ewen Cameron, Janine Huard y Naomi Klein
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